APRENDER A CAMINAR

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Muchas personas, por evitar el sufrimiento, precisamente prolongan su dolor indefinidamente. Quienes actúan de este modo no han logrado comprender que el sufrimiento no siempre es negativo, puesto que también tiene su lado positivo y luminoso, dado que puede ayudar a crecer y a madurar. En la siguiente historia veamos como una joven, después de un largo proceso de intenso sufrimiento, logró sacar unas excelentes lecciones para su vida:

“Hola, quiero aportar mi testimonio. No es muy impactante, pero espero que  sirva de inspiración para alguna reflexión. Le cuento que el año pasado tuve muchos contratiempos y muchas adversidades en mi vida; pero la experiencia más fuerte que me ha afectado profundamente es la siguiente: mi novio, a quien quería mucho y con quien teníamos planes de casarnos, me traicionó y me abandonó. En esas circunstancias yo me sentía tan pequeña, tan sola y tan maltratada. Esta sensación invadía todo mi interior, a pesar que tenía a mi familia, a mis amigos y a la gente que más quiero a mi lado. Sin embargo, las circunstancias me habían afectado demasiado. Gracias a Dios, en ese mismo contexto, me sentí muy querida, muy comprendida por mis seres queridos y pienso que el cariño que recibí de parte de ellos me ha ayudado a salir adelante. Por eso, a todas estas personas maravillosas que estuvieron a mi lado quiero decirles: “¡Muchas gracias! Que Dios les bendiga y pague con creces su generosidad”.

A finalizar el año, he hecho un balance de mi vida. A final de cuentas me he convencido que en el fondo mi problema es un asunto de fe. Felizmente he logrado comprender que estoy en las manos de Dios y que la vida es un camino en el que siempre vamos a tropezar con piedras, con huecos y obstáculos, pero el Señor siempre estará con nosotros para evitar que tropecemos; y si tropezamos y caemos Él estará a nuestro lado para curar nuestras heridas, levantarnos e impulsarnos para seguir caminando. Pienso que en realidad lo importante en la vida no es caer o no caer, sino aprender a caminar y nadie aprende a caminar sin tener caídas. Si alguien no ha caído es que jamás a ha caminado, porque el camino implica riesgos y desafíos. Cuando uno asume conscientemente esos riesgos y desafíos, y se decide a caminar, el camino, a pesar de los obstáculos, es maravilloso. Ahora puedo decir con certeza suma certeza que VALE LA PENA CAMINAR.

En este año nuevo, que estamos empezando, ya no me esforzaré tanto en evitar a toda costa el fracaso, la frustración, y las caídas. Claro que haré todo lo posible para hacer que las cosas funcionen de la mejor manera, pero si por A o B caigo, ya no me lamentaré tanto, ni buscaré que otros me tengan lástima. Si el golpe me dolió, lloraré lo necesario; si me lastimé, curaré mis heridas con amor; luego me levantaré, analizaré qué pasó, sacaré conclusiones y seguiré caminando. En realidad, no sale a cuenta andar lamentándose por tonterías. La vida es hermosa y tenemos que aprender a vivirla de la mejor manera”.

Por: P. Walter Malca Rodas; “Tú tienes el poder”.