APRENDER EL ARTE DE LA ALEGRÍA

A veces publico chistes, escritos o en videos, en mi Facebook. Por lo general son bien acogidos. Sin embargo, no faltan personas aguafiestas que critican: “¿Cómo es posible que un padre cuente chistes, mucho más en la misa, que es el sacrificio de Jesús?”. Quienes hacen este tipo de críticas no han entendido bien a Jesús, ni su mensaje.

Jesús fue un hombre con mucha capacidad de alegría. El evangelio de Lucas nos dice que, cuando los discípulos retornaron de la misión y alborozados le contaban sus éxitos pastorales, “se llenó de alegría en el Espíritu” (Lc. 10,21). Definitivamente Jesús, para tener tanta acogida, debió tener un carácter muy alegre y jovial. Nadie sigue a una persona amargada, triste y melancólica. Él tuvo un carisma especial, una chispa que irradiaba, un imán que atraía. Ese imán era su espiritualidad, que se manifestaba en su alegría.

Jesús es el verdadero Mesías, porque en el Antiguo Testamento los tiempos mesiánicos se anunciaban como un tiempo de gran alegría. Dios, a través del profeta Isaías, decía: “Voy a transformar a Jerusalén en alegría y a su pueblo en gozo” (Is. 65,17). De igual modo el profeta Sofonías exhortaba: “Regocíjate hija de Sión; grita de júbilo Israel. Alégrate y gózate de todo corazón, Jerusalén” (Sof. 3,14).

Jesús aprendió la alegría de su madre, pues María también fue una mujer con capacidad de alegría. Recordemos que cuando llega a la casa de su prima, santa Isabel, irrumpe en ese cántico maravilloso, donde dice: “Proclama mi alma las grandezas del Señor. Se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador” (Lc. 1,47). María, por ser una mujer alegre, formó un hijo alegre. Esto lo demuestra la experiencia: pues padres alegres forman hijos alegres, en cambio, padres amargados forman hijos amargados. De igual forma: padres pacíficos forman hijos pacíficos, en cambio padres violentos forman hijos violentos, etc.

Ahora bien: Jesús, siendo un hombre alegre, también formó discípulos alegres. Por esta razón dijo a sus discípulos: “Les he dicho estas cosas para que mi alegría esté en ustedes y así su alegría llegue a su plenitud” (Jn. 15,11). En las bienaventuranzas el Señor les exhortaba a la alegría: “Dichosos, felices”. Siguiendo esta cadena de alegría: los discípulos alegres formaron otros cristianos alegres. Por eso, San Pablo exhortaba a los cristianos de Filipos: “Estén siempre alegres en el Señor; os lo repito, estén siempre alegres” (Filp. 4,4).

Siguiendo el ejemplo y las enseñanzas de Jesús, los cristianos de hoy, si queremos ser fieles a su mensaje, tenemos que aprender el arte de la alegría. Para ello debemos valernos de todos los recursos, lícitos y honestos, que estén a nuestro alcance.

En este sentido el chiste es un excelente y maravilloso recurso que nos permite cultivar la alegría. Este recurso es una cualidad estrictamente humana, porque los humanos somos los únicos seres en la naturaleza que, de un modo consciente e intencional, podemos arrancar una sonrisa de los labios de nuestros congéneres.

Es bueno aclarar que la alegría de Jesús, de la Virgen y la de los apóstoles, no brota del chiste, aunque Jesús fue bastante humorista; la alegría de estos personajes brota de su relación cercana y amorosa con Dios. Por tanto, nosotros los cristianos debemos buscar y cultivar la alegría que brota del espíritu, pero se puede expresar o materializar a través de un chiste o una broma.

Por: P. Walter Malca Rodas; C. Ss. R.

Del libro “La obra del líder guerrero”

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