CREE EN MÍ Y EN TI

Por: P. Walter Malca Rodas; C.Ss.R.

Hola amigo: Yo soy Jesús, el que todo lo puede, en esta oportunidad quiero hablarte de la gran confianza que debes tener en ti y en mí.

Aunque estés en los problemas más álgidos y terribles no te desesperes, ni te angusties. Guarda la calma y cree que todo se va solucionar de la mejor manera. Tú eres muy importante y muy valioso para mí y no voy a dejar que nada malo te suceda. Yo te amo demasiado con un amor inmenso, con un amor grande, con un amor infinito; y por el gran amor que te tengo te voy a salvar y te voy a ayudar a solucionar tus problemas. Solamente tienes que creer en ti y en mí. Si tienes fe tus batallas ya están ganadas. Por eso recupera la confianza para que crezca tu fe, pues donde hay confianza hay fe.

¿Estás enfermo? ¿Gravemente enfermo? No te desesperes creyendo que ya es el final del camino. No, no tengas miedo a la muerte, pues la muerte no es el final, sino el inicio de una vida plena, maravillosa, extraordinaria, magnífica; una vida que ni siquiera te puedes imaginar. Si crees que tu misión aún no ha terminado en la tierra, y esa es la voluntad de mi Padre, confía en mí y en mi infinita sabiduría, pues yo te puedo sanar. Yo soy el Gran Doctor que sano, aún cuando las enfermedades sean las más terribles; incluso cuando los médicos humanos te hayan desahuciado, yo te puedo sanar. Solamente tienes que recuperar la fe en mí y en mi santa voluntad. “Cree y serás salvo tú y tu familia” (Hech. 16,31). Yo he sido enviado para sanarte y lo voy a hacer, si tú crees que es posible. Por su puesto, cumple con las prescripciones médicas, pues yo actúo a través de ellas.

No te desesperes, no te angusties. El demonio quiere arrancarte lo más hermoso que tienes: tú fe. No le des gusto al demonio. Cuida tu fe. Protege tu fe. Ora, reza, suplica. Yo siempre te escucho. Aunque a veces hago silencio, eso no quiere decir que no te escuche. Yo siempre te escucho, pero sé qué es lo que te conviene. Por eso te pido que confíes en mi santa y sabia voluntad. Yo siempre deseo el bien para ti. Deseo tu bienestar más que tú mismo. Por eso, confía en mí, y en mi palabra.

Mi Palabra, que es la Palabra de mi Padre, siempre va a estar en tu corazón (Dt. 30,14). Esa palabra es la semilla de la fe y de la espiritualidad que crecerá si la cultivas con amor y dedicación. Mi palabra es poderosa. Por eso, confía en ella. Yo soy un hombre de palabra, cumplo lo que prometo. Por eso, puedes confiar en mí.

Jamás dudes de mí, de mi amor, de mi misericordia y de mi poder. Yo jamás dudo, ni dudaré de ti. Yo siempre confío en ti. Eres tú quien tiene que aprender a creer en ti mismo. Cree que puedes, cree que puedes hacer cosas grandes y maravillosas, pues para eso te he creado. Tú tienes un enorme potencial, que no lo has descubierto. En tu interior tienes una mina de oro. ¡Descúbrela! ¡Explótala! Y serás rico de verdad: rico materialmente y espiritualmente.

Jamás desconfíes de mí. Yo siempre te voy a dar mi apoyo. Es el mismo apoyo que recibo de mi Padre. Ese apoyo te voy a dar como muestra de mi amor. Confía siempre en mí.

Tu amigo que quiere,

Jesús.

MI PADRE ES EL PILOTO

Un niño muy educado y formal subió a un avión, buscó su asiento y se sentó. El niño abrió su cuaderno de pintar y empezó a colorearlo. No presentaba rasgos de ansiedad ni nerviosismo al despegar el avión.

Durante un buen rato, hubo tormenta y mucha turbulencia. En un determinado momento hubo una sacudida fuerte, y todos se pusieron muy nerviosos, pero el niño mantuvo su calma y serenidad en todo momento.

¿Cómo lo hacía?, ¿Por qué estaba tan calmado? Una mujer frenética le preguntó:
Niño: ¿no tienes miedo? No señora-, contestó el niño y mirando su cuaderno de pintar le dijo: “Mi padre es el piloto”.

¿Sorprendido? Hay tiempos en nuestra vida en los que los sucesos nos sacuden un poco y nos encontramos en turbulencia. No vemos terreno sólido y nuestros pies no pisan lugar seguro. No tenemos donde agarrarnos y no nos sentimos seguros. Pero recuerden que nuestro amantísimo Padre Celestial es nuestro piloto. A pesar de las circunstancias, nuestras vidas están puestas en el creador del cielo y la tierra. Y la próxima vez que llegue una tormenta a tu vida o si en este momento estás pasando por una, alza tu mirada al cielo, siéntete confiado y di para ti mismo: 

¡Mi Padre es el piloto! (autor: Anónimo).

 

RECIBE, SEÑOR (Oración de san Camilo de Lellis)

Recibe, Señor, nuestros miedos
y transfórmalos en confianza.
Recibe, Señor, nuestro sufrimiento
y transfórmalo en crecimiento.
Recibe, Señor, nuestro silencio
y transfórmalo en adoración.
Recibe, Señor, nuestras crisis
y transfórmalas en madurez.
Recibe, Señor, nuestras lágrimas
y transfórmalas en plegaria.
Recibe, Señor, nuestra ira
y transfórmala en intimidad.
Recibe, Señor, nuestro desánimo
y transfórmalo en fe.
Recibe, Señor, nuestra soledad
y transfórmala en contemplación.
Recibe, Señor, nuestras amarguras
y transfórmalas en paz del alma.
Recibe, Señor, nuestra espera
y transfórmala en esperanza.
Recibe, Señor, nuestra muerte
y transfórmala en resurrección.
Amén.