DE VIAJE POR LOS ESTADOS UNIDOS

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Les cuento que estoy por los Estados Unidos. La Arquidiócesis de Galveston, en Houston, me invitó a impartir un retiro. Aprovechando el viaje, otras parroquias de Indianápolis y Atlanta me pidieron que les apoyar con algunas conferencias para sus fieles. Gracias a Dios pude organizar la agenda y atender tales requerimientos.

            La experiencia de estar en este país es muy enriquecedora. Es una ocasión para conocer su gente, su idiosincrasia, pero sobre todo para conocer más de cerca la problemática de los latinos, pues las conferencias y retiros están destinadas a los fieles de habla hispana.

            Como dijo nuestro poeta, César Vallejo: “Hermanos, hay mucho por hacer”; pues eso es verdad: en este país, Estados Unidos, hay mucho por hacer. Sobre todo, dar ánimo, fe y esperanza a la gente que sufre, pues muchos son ilegales y eso es motivo de congoja.

            En mis conferencias les dije que ellos no están solos, que el Señor no les abandona, que él está tan cerca de ellos, pues el Señor siempre se solidariza con el débil, con el pequeño, con el indefenso. Él es el Dios que derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.

            Les hice notar que la experiencia de ellos tiene una similitud con el pueblo de Israel, que en varias ocasiones vivó exiliado en países extranjeros, como Egipto, Babilonia y Asiria.  Y, a pesar de que estaban exiliados, el Señor jamás los abandonó. Él siempre estaba con ellos fortaleciéndoles, iluminándoles y guiándoles.

            Lo que más me ha llamado la atención es la colonia de los mexicanos, quienes son numerosos. Pero lo que me ha llamado la atención no es el número, sino la capacidad de mantener su identidad a pesar de estar en un país extranjero. Ellos se sienten felices de su cultura, no pierden su forma de hablar, mantienen vivas sus costumbres, aman a la Virgen de Guadalupe, e inclusos hay supermercados que venden productos mexicanos.

            Creo que esto es lo que tenemos que hacer los peruanos: crear y conservar nuestra identidad. Los peruanos somos muy propensos a alienarnos y perder fácilmente nuestra identidad. Por ejemplo, si un peruano se va a España, es muy probable que retorne hablando como español: “Pues, hombre”, “vale, vale”, sólo cito las frase que se pueden pronunciar con educación, pero también se copian las groserías. En el seminario me he formado con padres españoles, de quienes estaré eternamente agradecido, pero había seminaristas que asumían posturas y formas de hablar de ellos. Algunos ya son sacerdotes y se comportan como si fueran españoles.

            En una ocasión me encontré con un peruano que hablaba como español. Llevado por curiosidad le pregunté: “¿Qué tiempo has vivido en España?”. Él me respondió: “Me creerás, que por escasos 11 meses casi no estuve un año”. Su respuesta me hizo mucha gracia y también me dio rabia, pues era un tipo tremendamente alienado.            Lo mismo podemos decir de las personas que van a Argentina, muchos retornan hablando como argentinos: “Che, boludo”.

            No tengo nada contra los españoles o los argentinos, lo que sí me preocupa es la alienación que tenemos los peruanos, que nos cuesta amar y conservar nuestra identidad. Ojalá que los gobiernos en sus políticas educativas, en vez de promover nimiedades, como la ideología de género, promuevan el amor a la identidad peruana.

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