DÉJATE GUIAR POR TU CORAZÓN

Cierto día, conversando con un joven sobre temas de educación, le pregunté: “A propósito, ¿Cómo vas en los estudios?“. “Ahí, más o menos”, me contestó. “Y, ¿Por qué más o menos?”, le volví a preguntar. “Lo que pasa es que la carrera de ingeniería, que estoy siguiendo, no  me gusta –me respondió. Mi papá me lo ha impuesto. Yo quiero estudiar música, pero él dice que esta profesión no da  dinero y que por tanto debo estudiar lo que él quiere. Como no me gusta, no le pongo mayor interés. Es por eso que estoy muy bajo en mi rendimiento académico”.

Este testimonio es un claro ejemplo de algunos padres que, llevados por sus ambiciones,  imponen a sus hijos la profesión. Ellos no son conscientes del daño que les causan al no dejarles libertad para escoger la carrera que les dicta su corazón. De este modo frustran las aspiraciones más profundas de sus hijos, conduciéndolos a la derrota, ya que jamás llegarán a ser buenos profesionales, desempeñándose en una profesión para la que no tienen habilidad. Serán profesionales, pero de segunda, o quizá, de tercera categoría. Y eso es muy lamentable.

El trago amargo también lo beberán los padres porque nunca verán a sus hijos alcanzar la gloria que tanto ansiaban. Por el contrario, los verán derrotados y frustrados. Y esta situación será un cruel aguijón, pues no hay mayor dolor de los padres que ver a sus hijos infelices.

Con esta reflexión no estoy diciendo que los padres abandonen a sus hijos en el momento de la elección profesional. Lo cual sería irresponsable. Lo único que quiero decir es que no le impongan a sus hijos tal o cual carrera. El papel de ustedes es ayudarles a descubrir aquellas habilidades de las que sus hijos están dotados y motivarlos para que las cultiven con ahínco y tesón. Sería muy ideal facilitarlos a que hagan un test de opción profesional.

Es bueno tomar conciencia que todas aquellas personas que han logrado transcender en la historia lo han hecho porque han tenido la valentía de perseguir aquellas aspiraciones más profundas que brotaban de su corazón. ¿Se puede imaginar usted a Mozart o a Bethoben estudiando matemáticas, física o química? Ellos llegaron a ser grandes expositores de la música porque han sido capaces de cultivar aquellos dones que Dios les ha regalado y para lo cual estaban capacitados.

¿Acaso podremos cosechar peras de los olmos…? Pues, no, ¿verdad?  Entonces, ¿Cómo podríamos tener excelentes profesionales si los individuos no están capacitados para tal o cual carrera? Este es el gran error de la educación peruana. 

Cuentan que, cierto día, el rey león, preocupado por la supervivencia de sus súbditos, los convocó para hacer cursos básicos de rascado, carrera y vuelo. En el examen de rascado el conejo sacó 20, razón por la cual estaba supremamente feliz; en cambio, el águila estaba triste, pues había sacado 05. Llegó el momento de dar examen de vuelo: el conejo subió a la parte más alta de una torre y se arrojó con toda su fuerza, de tal modo que al llegar al suelo se estrelló y perdió la vida al instante; el águila, que debería sacar 20 en esta materia, sacó otro 05, pues en el examen del rascado se había hecho heridas en las garras y se había desgreñado las alas. Esto sucede a los individuos que quieren desempeñarse en cosas para las que no están facultados.

Por esta razón, amable lector, es bueno que siempre te dejes conducir por las aspiraciones más profundas del corazón.

Pautas para la reflexión

  • Texto sugerido para la meditación: 12, 1-9.
  • Después de haber meditado la palabra de Dios y la lectura indicada ¿Qué lecciones aprendes para tu vida? ¿Podrías ilustrar estas lecciones con alguna vivencia personal o de otros?

A partir de las lecciones aprendidas, ¿qué compromisos asumes en tu vida?

Por: P. Walter Malca Rodas; C. Ss. R.

Del libro “La perla preciosa”.

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