DEJE DE LAMENTARSE

P. Walter Malca Rodas; C.Ss.R

   Por el correo electrónico he recibido la siguiente consulta: “Padre, hace unos meses mi esposo perdió su trabajo. Él siempre ha sido muy bueno, cariñoso y dedicado a su hogar. Pero ahora se ha vuelto amargado, gruñón, en fin… está insoportable. Es cierto que ha perdido su trabajo, lo comprendo, pero ahora siento que nos está perdiendo a nosotros, su familia. Tiene mucha amargura almacenada en su corazón. Lo único en lo que piensa es en vengarse de los responsables de su salida. Ha centrado su atención en lo que perdió y no piensa en lo que tiene. Nosotros tenemos un negocio bastante floreciente, pero él no está contento con ello. Ayúdeme, Padre, por favor, no quiero que mi hogar se destruya”.

A esta señora quiero decirle que tenga mucha paciencia con su esposo. Él está pasando por un momento difícil y necesita mucha comprensión y ayuda. En general, cuando el sistema nervioso de alguna persona está alterado, no es posible entablar un diálogo, dado que la conversación puede desembocar en fuertes riñas. Quizás sea necesario un apoyo silencioso y callado. Cuando crea oportuno puede decirle alguna palabra de aliento y de amor. Lo importante es que él se sienta comprendido y amado, pues dice un famoso refrán: “solo hay amor cuando se comprende”.

En segundo lugar, quisiera decirle a este señor que sea conciente que tal despido le ha afectado mucho. Por tanto, debe reconocerse herido. El reconocer nuestras heridas emocionales es ya una experiencia de liberación. Pero también debe ser conciente que no puede vivir atascado en el pasado. Es necesario que abra los ojos de su conciencia y de su corazón para comprender que con lamentarse y amargarse no va a sacar nada. Esos deseos de venganza, lejos de ayudarle, lo están destruyendo. Tiene que aprender a liberase de ellos. A final de cuentas, el que sufre con el odio es usted. Así es que, por favor, aprenda a tener misericordia con usted mismo.

Lo invito a que analice su proceder en el trabajo que ha tenido, no para lamentarse, sino para que aprenda y saque lecciones para su vida. Quizá usted no haya sido responsable en sus labores. Las empresas, por lo general, no despiden a sus empleados por ser eficientes, sino por deficientes. Sería bueno que sea conciente de la parte de responsabilidad que usted tiene, para que en otra ocasión no vuelva a cometer los mismos errores.

Muchas veces los problemas y dificultades en la vida son oportunidades para crecer y madurar. Las derrotas pueden ser el trampolín para llegar al éxito. Consideremos la siguiente anécdota:

Un hombre, que fue despedido de su trabajo, al dirigirse a su casa, tenía ganas de fumar un cigarrillo para aplacar la ansiedad. Pero lamentablemente no lo encontró por ningún lado. Entonces se puso a pensar: ¿Cuánta gente, igual que yo, por esta zona, tendrá ganas de fumar un cigarrillo y no lo encuentran…? Sería conveniente colocar por estos lares un puesto de cigarrillo. Así lo hizo y su negocio fue redondo. Buscó otros lugares adecuados para instalar su negocio y así logró formar una cadena, que lo convirtió en un hombre muy rico.

No estoy haciendo publicidad de los cigarrillos ¡Válgame Dios! Confieso que ni siquiera me atraen. Solo quiero que nos fijemos en la actitud optimista de este señor que desde su necesidad fue capaz de intuir las necesidades de los demás y supo dar una respuesta adecuada, que lo llevó al éxito económico.

Usted puede hacer lo mismo. Deje de lamentarse y ponga atención a las múltiples oportunidades que le ofrece su derrota.