EL BORDADO DE LA EXISTENCIA 11/08/2017 – Posted in: ARTICULOS – Tags: , , , ,

P. Walter Malca Rodas; C.Ss.R

          Una jovencita, que se quejaba amargamente porque estaba atravesando por momentos difíciles, se acercó a su madre y le pidió que le invitara una torta. Su progenitora, consciente de la situación por la que se encontraba su hija, aprovechó la ocasión para impartirle una lección magistral.

Primero, le trajo un poco de harina y se la entregó. La joven exclamó: “Mamá, ¡qué asco! Te he pedido una torta y no esta asquerosa harina.” Entonces la mamá, sin hacer caso a los reclamos de su hija,  se fue a la cocina y trajo un frasco de aceite. La joven nuevamente exclamó: “Te he pedido una torta y no este repugnante aceite”. La mamá continuó trayendo los demás ingredientes necesarios para la torta y la joven seguía con sus mismas protestas.

Al final su  madre le explicó: “Hija, ¿te das cuenta? Cada ingrediente de la torta tomado por separado es feo; pero cuando los mezclas en la masa y luego lo pones en el horno se convierte en un sabroso manjar. Algo así está sucediendo contigo. Te quejas por el mal momento que estás atravesando, pero ese momento es como un ingrediente de la torta. Si lo consideras en el conjunto de tu historia te darás cuenta que Dios está haciendo  un delicioso manjar en tu vida. Lo que tienes que hacer es ser humilde. Acepta tu problema, pero no te centres sólo en él. Levanta la mirada y disfruta de las demás cosas buenas que tiene la vida. Considera tu pasado y te darás cuenta que, así como antes has superado una serie de dificultades, hoy también lograrás salir de estos aprietos. Piensa en tu futuro y toma conciencia que éste problema te está preparando para afrontar retos mayores, de los cuales saldrás airosa”.

La joven, que antes estaba renegando, con esta reflexión ilustrada de su madre, encontró el sentido de su sufrimiento. Su problema estaba ahí, pero ya no le desesperaba ni la hundía en la tristeza y la depresión. Más bien encontró una nueva luz que iluminaba el sendero de su existencia. La joven, emocionada, llena de alegría y vitalidad, abrazó fuertemente a su madre y le dio las gracias por su gran sabiduría.

Esta idea, que trasmitió esta sabia madre a su hija, se encuentra presente en otra historia, muy interesante. También se trata de una madre de familia, muy hacendosa, que estaba haciendo un bordado. Su menor hijo, que sólo veía el revés del bordado, le decía: “Mamá, ¡qué cosa para más fea estás haciendo! No haces nada más que perder el tiempo en esa obra horrible”. La madre, como lo hacen todas las madres, sin perder la paciencia, con la sonrisa en los labios, le recomienda: “Vete a jugar afuera, hijo mío. Cuando termine la obra te la mostraré y entonces darás tu parecer”. El niño, obediente, abandonó el recinto  y se fue a jugar con sus amiguitos. Cuando regresó su madre ya había terminado el bordado. Fue entonces cuando lo llamó y le mostró su obra. El niño se quedó estupefacto al ver tanta belleza hecha por su madre.

Muchas veces nosotros, al centrarnos en los problemas del momento presente, también estamos como este niño, pues sólo vemos el revés del bordado. Pero si contemplamos nuestra vida desde el plan de Dios, con los ojos de la fe, podremos darnos cuenta que Dios está bordando con su amor la hermosa alfombra de nuestra existencia.