EL PINO Y LA CALABAZA

P. Walter Malca Rodas; C.Ss.R

   Cierto día de primavera, una calabaza nació junto a un pino pequeño. Como el ambiente era propicio, la calabaza creció con gran rapidez y por ello se sentía muy orgullosa. Su orgullo la llevó a la arrogancia de insultar al pobre pino: “Eres un ocioso. Llevas tanto tiempo plantado en la tierra y aún no eres un árbol. En cambio, yo, a penas he nacido, ya te aventajo en tamaño”.

El pino, humilde y paciente, escuchó las palabras altaneras de su vecina; pero no le hizo caso. Como era sabio puso en práctica la filosofía de aquella frase “a palabras necias oídos sordos”. Él, siguiendo el ritmo de la naturaleza, no tenía ningún apuro en crecer. Poco a poco iba hundiendo sus raíces y a la par crecía con lentitud y firmeza.

Pasó la primavera y llegó el verano. El sol arreciaba con todo su esplendor, produciendo un calor fuerte y cruel que no perdonaba nada. La pobre calabaza, no pudiendo soportar aquel terrible infierno, muy pronto perdió su lozanía y murió achicharronada por los rayos voraces del astro rey. En cambio, el pino, gracias a la profundidad de sus raíces, logró sobrevivir y ahora está grande y majestuoso, y vive feliz en el prado.

Las plantas de esta alegoría representan a dos tipos de jóvenes que hay en el mundo: La calabaza es la imagen de aquellos jóvenes que viven su vida de manera alocada y presurosa; sin importarles, incluso, los principios éticos y morales. Y el pino representa a aquellos jóvenes prudentes, que con paciencia, crecen respetando los ciclos naturales de la vida. Estos últimos, muchas veces, reciben insultos de sus amigos que se creen más listos y aventajados. Pero, a final de cuentas el tiempo les dará la razón: los primeros termina hundidos en su necedad y en cambio los segundos suelen tener éxito en la vida.

            Pensemos, por ejemplo, en aquellos jóvenes que tienen una vida sexual activa antes del matrimonio. Incluso, a veces, tienen sexo con varias mujeres. Estos jóvenes no se están educando para la fidelidad en el amor. Pues al tener una vida sexual desenfrenada piensan que en la vida todo es sexo y no comprenden que el sexo debe estar en función  del amor. Cuando se casen, si es que lo hacen, tendrán problemas: al no estar acostumbrados a vivir con una sola mujer, querrán tener encuentros fortuitos con otras mujeres y eso no le va a gustar a su esposa.

Es bueno comprender que el sexo no es la base del matrimonio, sino el amor. Habrán periodos en los que los esposos no podrán tener un encuentro sexual y si el varón no está acostumbrado a la disciplina de la abstinencia terminará traicionando a su esposa. Luego vendrán los problemas y al final, tristemente, quizás la separación. En cambio, esto no sucederá con las personas que, desde su temprana edad, se sometieron a la disciplina de la abstinencia y educaron su sexualidad.

            La vida sexual, e incluso otros aspectos de nuestra vida, son como el apetito de comer una fruta. Imagínate que en el centro de tu jardín tienes una hermosa planta de mango cargada con unos ricos y prometedores frutos; pero aún están verdes. Tú tienes unas ganas locas de comer mangos. Llevado por tu ambición vas y arrancas la fruta verde. La comes, pero no la saboreas bien, porque fuiste imprudente. Pero si hubieses tenido la virtud de la espera de seguro que más tarde hubieses disfrutado el sabor de un rico y delicioso mango.

Ahora, querido amigo, permíteme preguntarte ¿Qué eres tú: pino o calabaza? Ojalá que llegues a ser un majestuoso pino.

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