LA CENICIENTA MODERNA

Todos recordamos el cuento de La Cenicienta que nos narraban en nuestra infancia. Este cuento tiene una gran actualidad. Son tantas las veces que nuestros padres, hermanos, maestros o cualquier persona, en nuestra vida, se ha comportado como la madrastra o las hermanastras de la cenicienta. Estas personas, con sus palabras y actitudes, en nuestra niñez y adolescencia, nos han hecho sentir que no servimos para nada. Como no teníamos mayor sentido crítico asumimos esos sentimientos como parte de nuestra identidad. Es por eso que ahora mucha gente tiene sentimientos de inutilidad. Y quien tenga esos sentimientos se podría decir que es la cenicienta moderna.

Tal es el caso de una mujer que siempre se mostró renuente a estudiar una carrera profesional, porque se sentía inútil e incapaz. Lo que pasa es que en casa la consideraban como la “oveja negra” de la familia, pues todos sus hermanos en la escuela y el colegio sacaban buenas calificaciones y ella no. Este bajo rendimiento en los estudios se debía a que de pequeña sacó una baja calificación y su papá le dijo: “Eres una bruta. Te voy a llevar a la huerta para que, amarrada junto a los burros, comas alfalfa”. Esta idea le repetían frecuencia y ella se la creyó. Como la creían incapaz de hacer trabajos intelectuales, a menudo le encargaban trabajos manuales como: planchar, lavar la ropa, cocinar, asear la casa. Con mucho pesar logró terminar los estudios secundarios y ya no quiso continuar estudios superiores. Todos sus hermanos se hicieron profesionales y ella no.

Afortunadamente, igual que en el cuento de la cenicienta, donde el Ada Madrina transformó a la cenicienta en princesa, una tía, que era su madrina, confió en ella y le despertó el interés por los estudios.  El asunto sucedió así: Su tía la llevó consigo para que la cuide, pues estaba enferma. Una vez que se recuperó, en gratitud a sus servicios le dijo: “Querida hija, yo te quiero mucho, en gratitud a tus servicios quiero financiar tus estudios. Escoge la carrera que quieras y matricúlate en ella. No tengas miedo al fracaso, mi apoyo es incondicional. Si no prosperas, no te preocupes. Es mi dinero y no te voy a culpar por ello. Tú puedes. Así que ¡ADELANTE!”.

La joven, al sentirse amada y experimentar que alguien confiaba en ella y en sus capacidades, se preparó y postuló a la carrera de medicina. Ingresó a la universidad con un alto puntaje y ahora ya está a punto de graduarse. Es una excelente alumna. Todo esto gracias al amor y confianza de su tía.

Ahora bien, amable lector, permítame preguntarle: ¿Con quién se identifica usted: con la cenicienta, las hermanastras, la madrastra o el Ada Madrina?

Por: P. Walter Malca Rodas; “Levanta el vuelo”.