UNA ACTITUD DE CONFIANZA

Si Dios es nuestro Padre y él nos ama tanto, con un amor incondicional, entonces nosotros, como hijos suyos, tenemos que sentirnos contentos, agradecidos y, sobre todo, confiados. Pienso que nuestra actitud con Dios debe ser como la actitud del niño de la siguiente historia:

Cuentan que un individuo abordó un avión para viajar a Nueva York. En ese mismo avión entró un niño buscando su asiento y se sentó justo al lado suyo. El pequeño era  muy  educado, y pasó el tiempo coloreando su libro de pintar. No presentaba rasgos de ansiedad, ni nerviosismo al despegar el avión. El vuelo no fue muy bueno, hubo tormentas y mucha turbulencia. De momento una sacudida fuerte, y todos estaban muy nerviosos, pero el niño mantuvo la calma y serenidad en todo momento. ¿Cómo lo hacía?, ¿Por qué su calma? Hasta que una mujer frenética le preguntó: – Niño: ¿no tienes miedo?

– No señora”, contestó el niño y mirando su libro de pintar le dice: – “Mi padre es el piloto”.

La historia termina con la siguiente reflexión: “Hay tiempos en nuestra vida en la que los sucesos nos sacuden un poco y nos encontramos en turbulencia. No vemos terreno sólido y nuestros pies no pisan lugar seguro. Al no tener donde sujetarnos sentimos angustia y miedo.

En esas circunstancias recordemos que nuestro amadísimo Padre Celestial es nuestro piloto.

A pesar de las  circunstancias, nuestras vidas están puestas en el Creador  del cielo y la tierra. Y la próxima vez que llegue una tormenta a tu vida o  si  en este momento estás pasando por una, alza tu mirada al cielo, siéntete confiado y di para ti mismo: ¡Mi Padre es el piloto!”

Para finalizar este acápite quiero anotar una hermosa versión del Padre Nuestro, dicha por Dios, que también ha llegado a mi correo vía internet:

Hijo mío,
que estás en la tierra, preocupado, solitario
desorientado. Yo conozco perfectamente
tu nombre, y lo pronuncio
santificándolo porque te amo.
No, no estás solo, sino
habitado por Mi y juntos
construiremos este Reino,
del que vas a ser heredero.
Me gusta que hagas mi Voluntad,
porque mi Voluntad,
es que tú seas feliz.

Cuenta siempre conmigo y
tendrás el pan para hoy.
No te preocupes;
sólo te pido que sepas
compartirlo con tus hermanos.
Sabes que te perdono todas tus ofensas,
antes incluso que las cometas; pero te pido que
hagas   lo mismo
con los que a ti te ofenden

Para que nunca caigas en la tentación,
tómate fuerte de mi mano
y Yo te libraré del mal.

Te quiere desde siempre
Tu Padre

Por: P. Walter Malca Rodas; “Compartiendo mi mejor tesoro”.