VALENTÍA PARA ASUMIR RIESGOS

Aguas, Movimiento, Río, Acción, Humanos, Cuerda

Cuenta la historia que dos semillas fueron sembradas en una tierra abonada con estiércol: Una de ella se sentía el ser más desdichado del mundo, pues experimentaba asco y tenía ganas de vomitar por estar en aquel repugnante lugar. Además tenía miedo a germinar. No quería hundir sus raíces, pues se preguntaba: “¿Qué obstáculos habrá más abajo, en la oscuridad de la tierra? Quién sabe, habrá monstruos o piedras infranqueables y yo soy tan débil para afrontar las adversidades”. Tampoco quería dejar crecer su tallo y hojas, pues decía: “¿Y si la luz del sol quema mis hojas o de repente un animal arranca mi tallo? ¿También podría ser, que el viento fuerte me derribe, o la helada me mate?”. Al hacer estas cavilaciones llegó a la conclusión: “Definitivamente estoy bien acá, no hundiré ninguna raíz, ni dejaré que crezca ningún tallo. Es cierto que no me gusta este lugar apestoso, pero tampoco quiero correr algún riesgo. Prefiero dejar las cosas así como están”. Al poco tiempo de haber tomado esta determinación, cierto día una gallina rascó en ese lugar y se encontró con la semilla, quien suplicaba que no la comiera. El animal, haciendo caso omiso a esas súplicas, la devoró sin piedad. El final de la pobre semilla ya se puede imaginar.

En cambio la otra semilla era más optimista. Es cierto que también sentía asco al estiércol, pero no se amargó ni renegó de su suerte. Al contrario aprovechó los nutrientes y se dejó alimentar por ellos. Al poco tiempo sintió que su interior se transformaba y se sentía más feliz cada día. También tenía miedo hundir sus raíces, pero no se dejó amilanar por el miedo; al contrario, hundió poco a poco sus raicillas, las que se encontraron con una serie de obstáculos como piedras o raíces de otros árboles, pero ellas no se inmutaban, hacían un rodeo y seguían en su camino de interiorización. A la par que las raíces iban profundizándose en la tierra, un tierno tallo con dos lozanas hojas salió tímidamente a la faz de la tierra. El universo lo recibió con gran cariño: el sol le regalaba su luz, el aire la acariciaba, las mariposas venían a saludarle. El pequeño arbolito se sintió amado y en virtud de ese amor iba creciendo poco a poco hasta que se convirtió en un frondoso árbol que luego dio hermosas flores y sabrosos frutos. Realmente fue un árbol muy fecundo.

Esta historia nos ayuda a comprender el tema del éxito. Ambas semillas tienen miedo. Una de ellas se deja avasallar por el temor y se queda en su comodidad y al final termina siendo estiércol de gallina. En cambio la otra semilla asumió el riesgo de nacer y de crecer y al final podemos contemplar su éxito, simbolizado en la fecundidad. De igual modo si nosotros queremos triunfar es necesario tener la osadía para salir de nuestra comodidad y la valentía para asumirlos riesgos en la vida. A final de cuentas: toda la vida es un riesgo y quien no se arriesga no logra nada. En cambio, quien se arriesga tiene la posibilidad de lograr lo que se propone.

Por: P. Walter Malca Rodas; del libro “Tú tienes el poder”.

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