INTRODUCCIÓN
Dios no deja de llamar. A veces lo hace en lo profundo del corazón, como una voz suave pero insistente; otras veces, confirma ese llamado a través de personas, acontecimientos y situaciones concretas.
Lo más sorprendente es que no espera que tengamos la vida resuelta para acercarnos a Él. Nos llama tal como estamos, para iniciar un camino de transformación.
El testimonio de Jimmy Roger es una clara muestra de ello: un llamado interior, una confirmación inesperada y un proceso que fue ordenando su vida desde dentro.
TESTIMONIO
Tuve un tumor maligno en 1999. Gracias a Dios, pude recuperarme. Desde entonces, cada año acudía al INEN para mis controles.
En el año 2016 empecé a sentir algunas molestias y pensé que algo no estaba bien. Después de varias evaluaciones, el doctor me dijo que no tenía nada de qué preocuparme. Era viernes 22 de julio de 2016. Antes de salir del hospital, decidí entrar a la capilla de la Divina Misericordia que está dentro del INEN.
Ahí hice oración. En ese momento, sentí en mi interior una voz muy clara que me decía: “vuelve a participar en la Iglesia”. No fue algo externo, sino una certeza profunda que no podía ignorar. Sin embargo, yo mismo me resistía, porque sabía que mi situación no era la mejor: tenía esposa e hijo, pero no estaba casado por la Iglesia. Sentía que no podía volver así. Aun así, la insistencia era fuerte: “vuelve”.
Con el tiempo entendí algo importante: uno no vuelve cuando todo está en orden, sino que vuelve precisamente para ordenar la vida.
Lo que ocurrió después me sorprendió. El lunes siguiente recibí una llamada de Carmen Chaina. Me dijo que el padre quería hablar conmigo. Me sorprendí mucho: “¿conmigo?”. Aun así, fui.
Ahí comprendí que Dios no solo habla en el interior, sino que también confirma su llamado a través de hechos concretos y de personas. El Padre Walter me recibió y me habló de un proyecto que tenía con las zonas. Empecé a colaborar junto a otros hermanos, y poco a poco me fui integrando más.
Descubrí también que el servicio no es solo una actividad, sino un camino que ayuda a sanar y a sentirse parte de una comunidad. Con el tiempo, ingresé al equipo de Goel Radio, lo cual fue una experiencia muy significativa para mí.
Mi proceso no fue inmediato. Dios fue trabajando poco a poco en mi vida. Al año siguiente, di un paso importante: celebré mi matrimonio religioso. Mirando atrás, entiendo que cuando uno responde al llamado de Dios, la vida comienza a ordenarse desde dentro.
Desde entonces, participé activamente en la vida de la Iglesia, sirviendo como lector en el grupo de liturgia y colaborando en distintas actividades.
En el año 2023 salí del país y ahora vivo en Ontario, Canadá. La vida aquí es tranquila, pero los horarios de trabajo hacen difícil participar como antes. Aun así, algo ha quedado en mí: el deseo de volver, porque cuando uno ha encontrado a Dios, sabe que Él no abandona y sigue llamando, incluso en medio de la distancia.
Hoy doy gracias a Dios por no dejarme de lado, por salir a mi encuentro en el momento justo y por haberme hablado a través de tantas mediaciones concretas. También agradezco al Padre Walter por la confianza y por haber sido instrumento en ese llamado.
LECCIONES
De este testimonio podemos extraer las siguientes lecciones:
Dios habla en lo profundo del corazón
Dios no siempre se manifiesta de manera extraordinaria. Muchas veces su voz es una certeza interior, suave pero insistente, que invita a dar un paso. Como dice la Escritura: “Habla, Señor, que tu siervo escucha” (1 Sam 3,10). Aprender a escuchar esa voz interior es fundamental en la vida espiritual.
Dios llama incluso cuando no estamos “listos”
Muchas veces pensamos que primero debemos ordenar nuestra vida para recién acercarnos a Dios. Creemos que tenemos que “arreglarnos” por nuestra cuenta antes de dar el paso. Sin embargo, este testimonio nos recuerda una verdad fundamental: no volvemos a Dios porque estamos bien, sino para empezar a estarlo.
El Papa Francisco lo expresa con claridad: “Dios no se cansa de perdonar; somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón” (Evangelii Gaudium, 3).
Esta lógica atraviesa todo el Evangelio. Zaqueo no tenía la vida ordenada cuando Jesús entró en su casa; más bien, fue ese encuentro el que inició su conversión (cf. Lc 19,1-10). Pablo no era un santo cuando Cristo se le apareció en el camino de Damasco; al contrario, estaba lejos, y sin embargo fue llamado (cf. Hch 9,1-19).
Dios no espera perfección para acercarse, sino apertura. Es importante comprender que no somos nosotros quienes, por nuestras propias fuerzas, vamos a arreglar completamente nuestra vida. Es el Señor quien la va ordenando poco a poco, cuando le damos espacio y respondemos a su llamado.
Por eso, el primer paso no es tener todo resuelto, sino atreverse a volver. Porque cuando Dios entra en la vida, comienza un proceso que transforma desde dentro.
Dios confirma su llamado a través de mediaciones
Lo que comienza en el interior muchas veces se confirma en lo exterior. Una llamada, una persona, una invitación concreta… todo puede ser parte del lenguaje de Dios.
