GENTE DÉBIL E INSEGURA

Compartir

Los tiranos parecen gente fuerte y segura. Sin embargo, son gente débil e insegura. Por eso, cuando llegan a tener poder externo se aferran a él y no quieren dejarlo porque saben que es lo único que les da seguridad. De este modo se vuelven crueles con LOS débiles y asumen tácticas opresoras. Eso es lo que vemos en uno de los faraones de Egipto:

“En aquellos días, surgió en Egipto un faraón nuevo, que no había conocido a José, y dijo a su pueblo: “Miren, el pueblo de los hijos de Israel es más numeroso y fuerte que nosotros; obremos astutamente contra él, para que no se multiplique más; no vaya a declararse una guerra y se alíe con nuestro enemigos, nos ataque y después se marche del país”.  Así pues nombraron capataces que los oprimieran con cargas en la construcción de las ciudades granero: Pitom y Ramsés. Pero, cuando más los oprimían, ellos crecían y se propagaban más, de modo que los egipcios sintieron aversión hacía los hijos de Israel. Los egipcios esclavizaron a los hijos de Israel con crueldad, les amargaron la vida con dura esclavitud: el trabajo del barro, de los ladrillos, y de toda clase de trabajos del campo. Los esclavizaron con trabajos crueles. Entonces el faraón ordenó a toda su gente: “Cuando nazca un niño, arrójelo al Nilo. Si es niña, déjenla con vida” (Ex. 1,8-14.22.

Este relato ilustra claramente lo que dije anteriormente, que los tiranos son débiles y su crueldad opresora brota del miedo. El faraón, al ver crecer al pueblo de Israel, tiene miedo que se alíe con otros pueblos y que se marche. Por eso los oprime con dura esclavitud, llegando al punto de querer extinguirlos matando a los niños varones.

Señor, no permitas que nosotros tus discípulos seamos tiranos. Al contrario, que seamos serviciales y amables como tú. Que descubramos que ningún poder externo nos enaltece y que el poder más fuerte y más excelso es el que viene de ti. Ayúdanos a estar convencidos que contigo todo es posible, para que, con san Pablo, podamos decir: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filp 4,13). Amén.