“DESCUBRÍ MI CAMINO CUANDO ALGUIEN CREYÓ EN MÍ”

Compartir

INTRODUCCIÓN

Dios entra en la vida muchas veces en momentos de dolor. Y no siempre lo hace quitando la dificultad, sino poniendo personas que acompañan, sostienen y ayudan a descubrir un camino.

Este es el testimonio de Darwin Rubén Hernández, de Tambogrande (Piura), quien en medio de una pérdida muy fuerte encontró una luz que no solo lo ayudó a levantarse, sino también a descubrir su vocación y propósito en la vida.

 

TESTIMONIO

Soy Darwin Rubén Hernández, de Tambogrande, en Piura. Conocí al Padre Walter Malca en el año 2004, en un momento muy difícil de mi vida. Tenía 15 años y acababa de perder a mi mamá a causa del cáncer. Fue un golpe muy duro para mí y para mi familia.

Ese mismo año, en diciembre, mi papá llegó con una revista que el Padre Walter publicaba. En la parte final había una invitación a un encuentro de jóvenes en Piura. Me llamó la atención. Nunca había viajado solo, pero mi papá confió en mí y me animó a ir.

Así fue como llegué al Santuario del Perpetuo Socorro. Ahí conocí al Padre Walter. En una de las dinámicas, nadie quería salir a exponer, pero reuní valor y lo hice. A partir de ahí comenzó todo.

Volví a Tambogrande, terminé el colegio y al año siguiente regresé a buscarlo. Sentía que había encontrado algo importante. El Padre me acogió, me escuchó y me apoyó mucho, no solo en lo espiritual, sino también motivándome a seguir estudiando y creciendo.

Me invitó a participar en el grupo “Odres Nuevos”. Ahí descubrí algo que marcaría mi vida: cómo el Evangelio también puede iluminar el liderazgo, el servicio y el compromiso con la sociedad.

Yo era muy tímido, me costaba hablar en público, incluso tartamudeaba. Pero poco a poco fui venciendo esos miedos. El Padre Walter supo ver en mí algo que yo aún no veía. Me decía: “vas a ser grande, pero tienes que creértelo”.

También recuerdo una frase que me marcó profundamente: que si todos los jóvenes se pararan en la puerta de la vocación sacerdotal, descubrirían su verdadera vocación. Yo hice ese camino, participé en retiros y procesos, y fue ahí donde descubrí que mi vocación no era el sacerdocio, sino el liderazgo social y político.

Con el tiempo, esa semilla fue dando fruto. He tenido la oportunidad de servir como regidor provincial, ser parlamentario joven, estudiar en el extranjero y participar en espacios internacionales. Hoy sigo comprometido con una política distinta, entendida como servicio.

Todo este proceso no habría sido igual sin ese acompañamiento inicial. El Padre Walter apostó por mí sin esperar nada a cambio, y eso marcó mi vida.

Hoy trato de hacer lo mismo con otros: ayudar a descubrir su luz, acompañar, motivar y servir.

 

LECCIONES

               De este testimonio podemos sacar las siguientes lecciones:

 

Dios se hace presente en medio del dolor

Las crisis no son el final, muchas veces son el inicio de un camino nuevo. La pérdida de su madre fue un momento duro, pero en medio de ese dolor, Dios abrió una puerta.

Como dice la Escritura: “El Señor está cerca de los que tienen el corazón quebrantado” (Sal 34,18). Dios no elimina el sufrimiento, pero sí se hace presente en él y lo transforma.

 

Alguien que cree en ti puede cambiar tu historia

Muchas veces necesitamos que alguien vea en nosotros lo que aún no logramos descubrir. Una palabra de confianza puede despertar capacidades dormidas y abrir caminos que parecían cerrados.

Desde la psicología, esto se conoce como el efecto Pigmalión: las expectativas positivas que otros tienen sobre nosotros pueden influir de manera decisiva en nuestro desarrollo. A esto también se le llama una mirada apreciativa, es decir, una forma de mirar que reconoce el valor y el potencial de la persona.

Jesús tuvo esa mirada. Supo ver en los apóstoles no solo lo que eran, sino lo que podían llegar a ser, y desde ahí los hizo crecer.

Por eso podemos afirmar que creer en alguien es ayudarle a crecer.

 

El miedo se vence caminando

Darwin pasó de ser un joven inseguro a hablar ante muchas personas. No fue de un día para otro, sino enfrentando poco a poco sus miedos.

Él comprendió lo que dijo san Pablo: “Todo lo puedo en Aquel que me fortalece” (Flp 4,13).

El crecimiento ocurre cuando uno se atreve a dar el paso.

 

La vocación se descubre en el camino

No siempre sabemos desde el inicio cuál es nuestro lugar. A veces es necesario acercarse, probar, discernir… incluso tocar otras puertas.

Este testimonio lo muestra con claridad: acercarse a la vocación sacerdotal le permitió descubrir su verdadera vocación en el ámbito social y político.

 

El acompañamiento deja huellas profundas

El verdadero acompañamiento no controla, no impone, no busca beneficio propio. Simplemente ayuda a crecer.

El Papa Francisco recuerda que el buen pastor “huele a oveja”, es decir, está cercano, acompaña y camina con su gente.

 

Lo que recibimos, estamos llamados a multiplicarlo

Quien ha sido ayudado, también está llamado a ayudar. Darwin hoy busca hacer con otros lo que un día hicieron con él.

“Lo que has oído de mí… confíalo a hombres fieles que sean capaces de enseñar a otros” (2 Tim 2,2).

La fe y el bien crecen cuando se comparten.