APRENDER A SER GENEROSOS

P.Walter Malca Rodas; C.Ss.R.

El evangelio de Lucas narra una parábola aleccionadora, llena de drama y colorido, donde los protagonistas son dos hombres: uno llamado Lázaro que era pobre y que alcanzó la gloria y el otro es un rico anónimo que fue condenado (Lc. 16,19-31). Para entender correctamente esta parábola hay que hacer ciertas precisiones, porque de lo contrario podemos sacar falsas conclusiones. La primera conclusión es creer que el rico se condenó por ser rico y Lázaro se salvó por ser pobre. La segunda conclusión que se podría deducir de esta parábola es que para salvarnos necesitamos ser pobres y, por ende, todos los pobres quedarían canonizados y los ricos condenados; y eso no es cierto. Con esta forma de pensar se justificaría muchas injusticias.

En la Biblia vemos que Jesús coloca de modelo a algunos ricos. Por ejemplo, el Padre del Hijo Pródigo era rico (Lc. 15,11-32), el hacendado que contrata a los trabajadores en distintos horarios era rico (Mt. 1,20-16). Jesús tuvo sus amigos ricos: José de Arimatea, Nicodemo, etc. Por tanto, Jesús no condena a los ricos.

De esta explicación se desprende una pregunta: Si el rico de la parábola, que estamos analizando, no se condenó por ser rico, entonces ¿por qué se condenó? La respuesta es muy sencilla: El rico se condenó por ser egoísta. Esta es la razón. El rico epulón se condenó por no abrir su corazón a su hermano necesitado, por ser indolente a las necesidades de su prójimo. Ésta es la verdadera razón de su condena. De aquí se desprende una conclusión lógica: el egoísmo nos condena y la generosidad nos salva. Por tanto, si queremos salvarnos tenemos que aprender a ser generosos.

Para ser generosos no tenemos que hacer grandes proezas, podemos ser generosos con pequeños gestos. Te pongo un caso. Cuando trabajaba en Piura conocí a un joven que vivía en el campo. Era muy inteligente y quería continuar sus estudios superiores. Por mi condición de religioso no podía ayudarle, dado que por el voto de pobreza yo no tengo dinero. Ante esta imposibilidad hablé con un grupo de amigos con quienes formamos una red de solidaridad. Una señora, incluso, nos ofreció una habitación para que el joven viviera ahí. El joven empezó a estudiar arte en la escuela Ignacio Merino y siempre obtuvo los primeros puestos. El chico tuvo tan buena suerte que cuando terminó la escuela se convirtió en universidad, de tal modo que salió con título universitario. Ha trabajado en colegios prestigiosos y ahora es catedrático en dos universidades. Por su rendimiento intelectual ha sido becado a varios países. Se pudo forjar este gran valor gracias a la generosidad de mis amigos, que con su pequeño aporte se pudo hacer esta obra de bien.

Otro ejemplo de generosidad es este boletín, que como un milagro, lo publicamos todos los meses. Este boletín lo podemos publicar y distribuir gratuitamente gracias a la generosidad de algunas personas que mensualmente nos apoya con un granito de arena. El boletín está haciendo tanto bien a mucha gente, pues son numerosos los testimonios que recibimos donde la gente nos cuenta cómo le benefició la lectura.

Fundados en estos y muchos otros ejemplos quiero concluir esta reflexión con una invitación: Aprendamos A Ser Generosos.

ENSÉÑAME A SER GENEROSO

 Señor Jesús, modelo del amor perfecto: Concédeme un corazón generoso como el tuyo que sea capaz de dar sin esperar recompensa, que sea capaz de ayudar al que necesita, que sea capaz de abrirme a las necesidades de mis hermanos, que sea capaz del sacrificio por el bien de los demás. Quiero seguir tu ejemplo, Señor…, ejemplo de entrega y generosidad, pues tú siendo Dios te hiciste hombre, y siendo hombre te entregaste al servicio de tus hermanos hasta dar tu vida en la cruz para salvarnos del pecado y de la muerte. Ayúdame a ser generoso como tú. Amén.

Padre Nuestro…, Ave María…, Gloria.