Si afinas bien los oídos del alma
escucharas la voz de Dios que te dice:
No tengas miedo a nada, ni a nadie,
mi gracia divina siempre te bendice.
Yo soy tu Dios que te cuida con esmero,
tomado de la mano te llevo por la vida.
Confía en mí, pues soy tu Padre y amigo,
mi corazón amoroso nunca te olvida.
Con amor eterno te he amado, hijo mío:
Antes que el tiempo se pusiera a andar,
antes que el mundo fuera creado,
con mucha ilusión te pude soñar.
Ni el viento que cruza con tanta furia,
ni el rugido feroz de las olas del mar,
podrán quebrantar mi eterna promesa:
Hijo mío, nunca te voy a abandonar.
Si caes en el abismo más profundo,
Te rescataré con mi poderoso brazo.
Si la sombra de la tristeza te alcanza,
te consolaré con un fuerte abrazo.
No temas, hijo mío. Por favor no temas.
En cada momento siempre estoy contigo.
Nunca desconfíes de mi amor compasivo.
Ten siempre que soy tu Padre y amigo.
