ABANDONDAR LA OBSESIÓN POR EL ÉXITO

P.Walter Malca Rodas; C.Ss.R.

En una ocasión me encontré con una persona, a quien lo conocí en el seminario. Él abandonó la vocación sacerdotal y abrazó otro camino. Después de mucho tiempo nos volvimos a encontrar: “Hola, ¿Qué tal? –le dije- ¿Cómo estás? ¡Qué gusto verte!”. “Estoy muy bien –me respondió- soy Presidente del colegio de Psicólogos, soy decano de tal universidad”.

Su respuesta me llamó la atención porque yo le había preguntado por sus sentimientos y no por sus logros. Es evidente que ante mí quería mostrarse exitoso. Esta conversación me hizo tomar conciencia que vivimos en un mundo, donde se promociona mucho al éxito, como una forma de vida. Debo confesar que yo mismo he reflexionado sobre ese tema, incluso he publicado un libro que se titula “Pilares del éxito”, pero no soy obsesivo en este asunto.

También debo confesar que en algún tiempo he tenido esa obsesión por buscar el éxito, pero he abandonado esa actitud absurda, porque he descubierto que nos quita la paz, la armonía y la felicidad.

Ahora trato de hacer las cosas lo mejor que puedo, pero cuando no me salen bien, ya no me deprimo, ni me angustio. Comprendo que los fracasos y las frustraciones son parte de la vida y que uno puede aprender muchas lecciones de esas experiencias, que nos pueden ayudar a crecer y madurar.

Es bueno comprender que es imposible estar todo el tiempo navegando en la nave del éxito, pues las frustraciones y las derrotas son parte de la vida. Además es saludable que algunas veces no salgan las cosas como nosotros queremos, porque eso nos ayuda a descubrir nuestra contingencia, nuestra limitación y eso nos ayuda a ser humildes.

Por eso yo no creo en el éxito como un estado de vida, sino que existen experiencias que son exitosas. ¿Quién puede negar que Mario Vargas Llosa es un hombre exitoso en la literatura, pero en su vida familiar es un fracasado? ¿Quién puede negar que Brad Pitt y Angelina Jolie son exitosos como actores, pero en su vida familiar y emocional son unos fracasados? Por eso podemos decir que hay personas que son exitosas en un campo, pero son fracasados en otros campos.

Es más, el éxito es temporal. Si quieren convencerse de esta verdad piensen en las estrellas de cine, del deporte, de la música, etc. Estas lumbreras brillan por un tiempo y luego apagan su luz para dar cabida a otras. De igual modo sucede con las potencias mundiales, son potencias por un tiempo y luego aparecen otras.

Por este motivo creo que es importante abandonar la obsesión por el éxito. Tratemos de hacer bien las cosas, demos nuestro mayor esfuerzo en un proyecto, pero nunca les demos el corazón, el corazón únicamente debe estar centrado en Dios y quien tiene el corazón centrado en Dios no se vanagloriaba con los éxitos, ni se deprimirá con las derrotas.

LA RANA Y EL BÚHO

Había una rana que siempre vivía ansiosa, nerviosa y angustiada. La causa de su angustia es que siempre quería hacer bien las cosas y tenía mucho miedo a equivocarse. Cuando se equivocaba se avergonzaba mucho y se sumía en una profunda depresión. Cierto día pasó por ese lugar el sabio búho a quien le confío su problema:

-Señor búho –le dijo- usted que es anciano y sabio necesito que me ayude, pues ya no puedo vivir, tengo una gran obsesión por hacer bien las cosas y cuando no me salen bien me deprimo mucho.

-Tienes que cambiar de mentalidad –le dijo el sabio búho- tienes que comprender que no eres importante por tus logros, sino por lo que tú eres. Los logros y las derrotas no son importantes, lo más importante es vivir bien y amar mucho. Céntrate en esos valores y tu vida se transformará.

La rana puso en práctica los consejos del búho y fue muy feliz.

DAME HUMILDAD

Señor, ayúdame a hacer las cosas bien, a dar mi mejor esfuerzo en mis actividades, pero no permitas que les dé el corazón. Haz que mi corazón esté centrado en ti, como el único fundamento de mi existencia. No permitas que la ambición por el éxito, el rendimiento, el cumplimiento de las metas, me quite la paz interior. Ayúdame, Señor, a vivir enraizado en ti, porque yo sé que si te reconozco como el único fundamento de mi ser tendré paz en el corazón. No permitas, Señor, que los éxitos, los logros me llene de vanidad; ni que las derrotas me sumerjan en la depresión. Ayúdame a comprender que todo pasa y que Tú eres el único fundamento sólido donde puedo afincar mi vida. Amén.

 

Padre Nuestro… Ave María… Gloria