¿RICOS O POBRES?

P.Walter Malca Rodas; C.Ss.R.

 

La pobreza y la riqueza son dos conceptos relativos. En nuestro medio se considera ricos a los que tienen dinero y pobres a los que no tienen. ¿Pero, realmente, estos conceptos son verdad? ¿Quiénes son los ricos y quiénes son los pobres? Hay ricos que abundan en dinero, pero su corazón está vacío y ese vacío les hace sufrir. Por tanto, esta gente es pobre. Y hay pobres que no cuentan con mucho dinero, pero son felices, porque tienen a Dios en su corazón. Por tanto, esta gente es verdaderamente rica. Con esto no quiere decir que para que una persona sea feliz tiene que ser pobre. No necesariamente: puede que haya ricos desprendidos, que saben que su riqueza es efímera, ellos poseen dinero, pero el dinero no los posee a ellos. Y puede que haya pobres infelices, porque su corazón está lleno de ambiciones. Reflexionemos sobre la siguiente anécdota, narrada por el Dr. Augusto Jorge Cury, en su libro, “El maestro del amor”:

Un día, un hombre riquísimo y famoso resolvió hacer realidad un gran sueño: Cultivar un jardín con plantas del mundo entero. Quería tener el placer de llegar del trabajo y contemplarlas. Llamó a los mejores paisajistas del mundo. Plantó todo tipo de flores. ¡Todo era tan lindo! Entonces, después de que todo estuvo listo, volvió a la ruina de sus problemas. Como tenía muchas actividades y preocupaciones, poco a poco perdió el encanto por el jardín.

Perturbado, comenzó a observar que su jardinero canturreaba mientras cuidaba las flores. Impresionado, comprendió que la belleza está en los ojos de quien la mira. De nada servía ser dueño del jardín si él no administraba su emoción para contemplarlo. De nada servía tener millares de flores si sus pensamientos no se aquietaban para percibir el perfume de ellas. Comenzó a revisar su estilo de vida, pues comprendió que su jardinero, aunque tuviese una pequeña cuenta bancaría, tenía una elevada cuenta emocional. Era más feliz que él.

Hay hombres millonarios que tienen cuidanderos, jardineros y mayordomos emocionalmente más ricos que ellos. Principalmente, cuando trabajan con placer y logran extraer la belleza de las cosas pequeñas de la vida. Muchos hombres de éxito frecuentan los consultorios de psiquiatría. Tuvieron éxito financiero, social, intelectual, pero se auto abandonaron; no tuvieron éxito en ver días felices y tranquilos”.

Ojalá que todos nosotros seamos ricos emocionalmente: ricos espiritualmente.

APRENDAMOS DE JESÚS

Para alcanzar esa riqueza interior aprendamos de Jesús: Él era un carpintero, que no tenía riquezas, después fue un misionero, que llevó a decir “las zorras tienen sus madrigueras y los pájaros tienen sus nidos, pero el hijo del hombre no tiene dónde recostar su cabeza. Y, sin embargo, a pesar de esa carencia, el Señor no vivió angustiado, ni atormentado. Él fue el hombre más feliz del mundo y enseñó el arte de la felicidad a los demás. A sus discípulos les dijo: “Les he dicho estas cosas para que mi alegría llegue a su plenitud”, y en las bienaventuranzas, diciendo: “Felices, dichosos”, trazó el camino de la felicidad.

El auto antes citado, hablando de Jesús, dice: “La fama de Jesús tocaba la puerta del hombre Jesús, pero él la desdeñaba. Jamás perdió la sencillez y el encanto por la vida. ¿Dónde está la prueba de esto? La prueba está en que estando en el auge de la fama, lograba todavía hacer de un lirio del campo un espectáculo para sus ojos. La prueba, también está, en su sociabilidad y espontaneidad. Almorzaba y comía de manera placentera y frecuente en la casa de las personas, inclusive de las que no conocía”.

Así es, amigos: aprendamos a ser ricos espiritualmente, como Jesús. Es más: quedémonos con Jesús. Él es el tesoro escondido; Él es la perla preciosa, que habla el evangelio.

AYÚDAME A DESCUBRIR MI RIQUEZA INTERIOR

Señor, ayúdame a descubrir mi riqueza interior para sentirme fuerte, animado, entusiasta y experimentar la alegría radiante de mi ser:

Ayúdame a descubrir la riqueza de la de fe para sentirme confiado y seguro de tu presencia amorosa y misteriosa que me acompaña en cada instante de mi vida.

Ayúdame a descubrir la riqueza de la autoestima para sentir que soy valioso y único: que soy grande, digno e importante, porque soy tu hijo amado.

Ayúdame a descubrir la riqueza del amor para amarte con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y para amar a mis hermanos, así como tú los amas.

Ayúdame a descubrir la riqueza de la esperanza para no desesperarme ante los problemas y adversidades de la vida, sino que confíe plenamente en tu santa y sabia voluntad.

En fin, amado Señor, ayúdame a descubrir todos los valores que has sembrado en mi corazón y dame el coraje para cultivarlos con tesón. Amén.

 

Padre Nuestro…, Ave María… Gloria.